La Candelaria: una fiesta que la covid-19 convirtió en desastre económico

La Candelaria: una fiesta que la covid-19 convirtió en desastre económico

No habrá parada, concurso, ni tampoco grandes recepciones, un escenario que constituye lo opuesto a La Candelaria que celebraban cientos de microempresarios antes de la covid-19 y ahora califican de desastre económico.

A pocos días de la fecha central, es claro que la Festividad Virgen de la Candelaria se llevará a cabo de manera restringida. No habrá ni parada, ni concurso y tampoco las grandes recepciones. Un escenario que constituye lo opuesto a la fiesta que solían celebrar cientos de microempresarios.

Al margen del jolgorio, hay centenares de personas que dejarán de percibir ingresos por brindar los servicios requeridos para que la fiesta se lleve a cabo. ¿Quiénes son?, ¿cuánto pierden?, ¿qué hacen para sobrevivir? Aquí un acercamiento:

El joven padre Julio Pino Lizando estaba a punto de cumplir el sueño de la casa propia cuando inició la pandemia. Trabajaba en una cadena nacional hotelera instalada en Puno y, a mediados del año 2020, le aplicaron la “suspensión perfecta” de labores.

Su esperanza era recuperar su puesto en febrero del 2021 cuando aumenta la demanda para continuar sus proyectos junto a su familia; sin embargo, el llamado nunca llegó pues la festividad de la Candelaria no se llevó a cabo por el covid-19.

La Candelaria: una fiesta que la covid-19 convirtió en desastre económico
El año 2020, cuando el covid-19 era una noticia lejana en Perú, se llevó a cabo la última fiesta en normalidad en la región de Puno.

Es uno de las tantos damnificados económicos de la pandemia para las actividades que, en gran medida, dependen de la festividad virgen de la Candelaria en la ciudad de Puno.

El poblador Luis Sandoval es certero: “La gente piensa que la festividad de la Virgen de la Candelaria es solo tomar, más no se dan cuenta que hay detrás de todo esto, Qué lamentable en serio que no pensemos en cómo la están pasando nuestros hermanos microempresarios dedicados a estos rubros que solo tienen un ingreso fuerte al año y eso es en la festividad de la Virgen de la Candelaria”.

Impacto económico en La Candelaria: una fiesta que la covid-19 convirtió en desastre económico.

El año 2020, cuando el covid-19 era una noticia lejana en el Perú, se llevó a cabo la última fiesta en normalidad en la región de Puno.

Para esta última “edición normal”, la Cámara de Comercio y Producción de Puno estimó que arribaron 98 mil turistas nacionales y 18 mil extranjeros.

Solo en el pagos por alquiler y elaboración de trajes, contratación de bandas de músicos, compra de accesorios (extensiones, arreglos de costura), peinados, maquillaje así como compra de bebidas alcohólicas (poco más de un millón) se estima que se desembolsan 89 millones de soles.

En tanto, los espectadores ponen lo suyo pues se estima que entre hospedaje, comida, compra de bebidas y otros servicios, desembolsan poco más de 32 millones de soles.

Los propietarios de locales de eventos, así como los microempresarios que se encargan de organizar eventos obtienen un ingreso superior a 298 mil soles.

En total, el movimiento económico en torno a la festividad se ha estimado en poco más de 123 millones de soles, de los cuales, la mayoría se queda en Puno y contribuyen a su economía.

Se puede descontar el millón que se va a la cervecería y otro tanto que se asigna a compra de trajes o a la contratación de músicos bolivianos.

La Candelaria: una fiesta que la covid-19 convirtió en desastre económico
Artesanos, hoteleros, bordadores, profesores de danzas, tienen que buscar otros empleos para salir adelante.

Impacto humano

Lo que para el lector son cifras, para los que viven de las actividades económicas vinculadas a la fiesta es y fue una tragedia.

Por ejemplo, el emprendedor Dino Derly, invirtió un modesto capital en adquirir servicio de vajilla, manteles, equipos de sonido, con la esperanza de que pueda recuperar su inversión en Candelaria 2021, pero salió al revés: sus vajillas se empolvaron casi todo el 2020.

Lo que se debe comprender es que hay varias actividades económicas que reciben modestas ganancias a lo largo del año pero, durante enero y febrero, reciben un “extra” para llevar adelante el negocio.

Así lo explica el hospedero Edgar Flores Vargas quien indica que, dada la demanda de habitaciones, los visitantes están dispuestos a pagar mucho más lo que le da un respiro económico para afrontar el resto del año cuando la demanda cae.

Su hospedaje aún está cerrado pues, según explica, las nuevas exigencias respecto a baños, espacios y otros, sumado a la poca afluencia de turistas le restan las mínimas ganancias para ir adelante con su negocio.

Los pequeños hospedajes en los que invirtieron familias completas no reciben la cantidad de huéspedes que esperaban.

De acuerdo a un reporte del Viceministerio de Turismo, en el año 2019 se contaban 902 hoteles y hospedajes en Puno. A finales del año 2020 quedaron 499

Edgar empleaba a cinco jóvenes en tres turnos. Tuvo que despedir a todos. Según una investigación del Instituto Peruano de Economía, a raíz de la pandemia se perdieron 15 mil 245 empleos.

Los más golpeados

Los bordadores, mascareros y otros artistas con actividades relacionadas le ponen color a la festividad. Los detalles de los trajes, las figuras, los hilos entrelazados con las telas… todo es su obra. 

El presidente de la asociación de Artistas y Bordadores, Mascareros y Trajes Típicos, René Nina indicó que en Puno hay casi 300 talleres organizados en cuatro asociaciones; cada cual agrupa a 30 familias.

La artesana Yolanda Chambi Nina dice: «Toda mi familia se dedicaba a realizar la confección de trajes de luces, obras finas, para fiesta de las Cruces, entre otros trabajos, pero por la pandemia todo fracasó”.

Algunas artesanas han intentado “reinventarse” elaborando mascarillas con bordados y motivos andinos, pero no basta. La venta de esos ingeniosos productos no se compara a las ganancias obtenidas en Candelaria y otras festividades.

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Los bordadores han tenido que reinventarse y ahora confeccionan mascarillas con motivos andinos para ganar algo.

Los bordadores han marchado en las ciudades de de Puno y Juliaca. Manifestaron su descontento con la falta de apoyo. “Nosotros hemos trabajado para que Puno sea la capital folclórica del Perú” y no hemos recibido reconocimiento ni un salvavidas en estas circunstancias.

Si existió Reactiva Perú, ¿por qué no hay nada parecido para ellos?, se pregunta alguno de los entrevistados. Hubo algunos esfuerzos insuficientes para apoyar a algunos artistas, pero tal como lo dijeron los bordadores, “no alcanza”. No saben cómo van a afrontar la nueva suspensión de este año.

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